Los más insensibles sobre el estado
de salud del Presidente Hugo Chávez son los medios masivos de información pro derecha
y algunos opositores de mala sangre, que no escatiman el momento para especular
sobre el tema.
Por ejemplo, uno de ellos es el cura Eduardo Pérez,
director de radio Fides, que va machacando insistentemente que el reelecto
Presidente venezolano –con el 55, 25%–
murió clínicamente y ya no tiene remedio.
¿Esa es su labor de sotana? ¿Acaso no es dar mensaje
de esperanza de vida a los mortales, cual sea la línea política-ideológica que
abraza uno? ¿Por qué descarga furia sobre el que realmente hace algo por los
pobre? Eso le hace perder el horizonte humano… Es la mentalidad histórica con
que siempre actuaron los del Clero: inmisericordemente.
Cierto día, en su programa “El Café de la Mañana”, el
Cura junto a la verborraica Beatriz Cahuasa, esbozaron carcajadas luego de
sentenciar: “Muerto el caudillo, muerto la revolución”. Así de crudos e
insensibles.
Pero más allá de la posición política-ideológica que
posee cualquier ser humano, ¿acaso no es ser considerado y respetuoso cuando
éste está en un momento gris de su vida? Esto, jamás lo entendió el claustro y
nunca lo hará, su conducta histórica lo impide, ¿es parte de su doctrina?
Ahora bien, ¿hay alguna información oculta sobre la
salud del comandante Chávez, como lo vienen insistiendo detractores –nacionales
e internacionales– a su gobierno? No parece. Según los portavoces del Palacio
venezolano, dan a conocer que está en franca recuperación, aunque
implícitamente se teme lo peor.
Frente a las diferentes premoniciones, sólo Dios tiene
la palabra final y contra ella no se puede hacer nada, más que aceptarla. Pero
en el tiempo se verá.
Hoy los ojos del mundo están puestos en Venezuela y su
Presidente. Los conspiranoicos arguyen que la geopolítica de América del Sur
depende de lo que suceda en el país bolivariano. Eso, más que un análisis, es
un anhelo que no hay que darle importancia.
Los nuevos vientos de cambio que se dan en esta parte
del continente seguirán, independientemente de los íconos políticos, porque el
sujeto histórico, el Pueblo, es el dueño de tal hazaña y será difícil
desposeerla de ella.

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